Acordado:
1.
Aceptar el siguiente informe de la Comisión de Primacía del Evangelio.
2. Disolver la Comisión de Primacía
del Evangelio en base al cumplimiento de su misión.
3. Expresar sincero agradecimiento
a los miembros de la Comisión de Primacía del Evangelio, especialmente
a los teólogos que han dedicado muchas horas de estudio personal así
como a la preparación de documentos.
4. Solicitar al presidente de la Comisión
de Primacía del Evangelio que prepare un informe resumido, para su
posterior publicación, en el cual se expresen los fines de la reunión,
las dinámicas del estudio en grupo, así como las conclusiones
obtenidas por la Comisión.
Informe
de la Comisión de Primacía del Evangelio
Introducción
A
fin de darle seguimiento a cuestiones suscitadas en un pequeño grupo
en el cual se encontraban presentes Robert S. Folkenberg y George
W. Reid de la Conferencia General y Robert J. Wieland, Donald K. Short
y Gerald Finneman, quienes son líderes del Comité de Estudio del
Mensaje de 1888 el Consejo Administrativo nombró una comisión
para que considerase en profundidad la doctrina bíblica de la justificación
por la fe. El objetivo particular de la comisión era prestar atención
a la comprensicn especial que de esa doctrina ha sido propuesta durante
los últimos 50 acos por Robert Wieland y Donald K. Short, a los cuales
se han unido ahora otras personas del Comité de Estudio del Mensaje
de 1888. Se haría un esfuerzo para relacionar la doctrina a los acontecimientos
que tuvieron lugar en la Sesión de la Conferencia General de Minneápolis
en 1888 y en años posteriores, los cuales reflejan las principales
inquietudes del Comité de Estudio del Mensaje de 1888.
La Comisión de Primacía del
Evangelio se nombró el 17 de mayo de 1994 y sus miembros iniciales
fueron las siguientes personas: Calvin B. Rock, Director; Robert L. Dale,
Vice-Director; George W. Reid, Secretario; Richard Davidson, Gerald Finneman,
Lloyd Knecht, George R. Knight, �ngel M. Rodríguez, Donald K. Short,
Peter M. Van Bemmelen, Mario Veloso, Nancy J. Vyhmeister, Robert J. Wieland,
Kenneth H. Wood.
A fin de proporcionar un entorno favorable
de entendimiento mutuo, la Comisión estuvo compuesta por líderes
del Comité de Estudio del Mensaje de 1888 y de la Conferencia General,
incluyendo teólogos de las dos instituciones educativas de la Conferencia
General (el Seminario Teológico de la Universidad de Andrews y la
Escuela de Religión de la Universidad de Loma Linda). De los miembros
de la Comisión original Kenneth H. Wood solicitó ser excluido
y Robert L. Dale se jubiló. Para reforzar el grupo se incluyeron las
siguientes personas: Ivan Blazen, Robert J. Kloosterhuis, Sidney Sweet,
Woodrow Whidden y Brian Schwartz. Robert J. Kloosterhuis en ocasiones
actuó como presidente.
Comenzando con la reunión inicial
del día 24 de mayo del 1995, la Comisión se reunió 8 veces,
generalmente durante dos días y medio, con un total equivalente a
15 días completos. Se estudiaron los documentos preparados y se realizaron
debates extensos con una amplia variedad de temas identificados por el
Comité de Estudio del Mensaje de 1888 como importantes para su comprensión
de la justificación por la fe tal como fue presentada en Minneápolis.
Durante la reunión de clausura,
realizada el día 8 de febrero del 2000 en la Universidad de Loma Linda,
se utilizó la mayor parte del tiempo examinando un informe de los
casi cinco años de discusiones de la Comisión.
Aunque este informe fue revisado por
la Comisión en pleno durante la reunión final y se hicieron las
correcciones oportunas, solamente la primera sección titulada "Áreas
de Acuerdo" representa, en general, el sentir del grupo entero. Este documento
en su totalidad debe ser entendido como un informe hecho al Consejo Administrativo
de la Conferencia General por los miembros de la Comisión de la Conferencia
General, la Universidad de Andrews y la Universidad de Loma Linda.
Áreas
de acuerdo
1.
Énfasis en la iniciativa de Dios en la salvación. Estamos
de acuerdo en que la salvación es siempre una iniciativa de Dios y
que la Iglesia necesita dar este mensaje constantemente al mundo.
2.
Énfasis en los méritos salvíficos de Jesús. Estamos
de acuerdo en que Dios incondicionalmente hizo provisión para la salvación
de todos.
3.
Énfasis en la fe al aceptar el don divino de la Salvación. Estamos de acuerdo que por fe creemos, apreciamos, confiamos y recibimos
la verdad objetiva de la salvación obrada por Dios. La experiencia
de vida eterna empieza cuando los individuos ejercitan su fe en Cristo
Jesús.
4.
Énfasis en la conexión íntima que existe entre Salvación
por la gracia, a través de la fe, con una vida transformada y en la
observancia de todos los mandamientos de Dios. Estamos de acuerdo
que el nuevo nacimiento se realiza en el preciso momento cuando una persona
viene a Jesús y es justificada por la fe, y que en la experiencia
del nuevo nacimiento, Dios por medio del Espíritu Santo da a los cristianos
un corazón deseoso de vivir bajo la voluntad de Dios a través
de su gracia impartida.
5.
Énfasis en el Ágape. Estamos de acuerdo en la centralidad
del Ágape (amor) en la vida del cristiano y de su papel fundamental
en la vida cristiana.
6.
Énfasis en la incapacidad de los seres humanos para hacer lo correcto
por sí mismos. Estamos de acuerdo en que el ser humano es incapaz
de hacer lo bueno por sí mismo o de iniciar su salvación personal.
7.
Énfasis en la cercanía de Dios al pecador. Estamos de acuerdo
en que las buenas nuevas son que Dios está de parte de los pecadores
y no contra ellos, y que él se allega a ellos a través de Cristo
Jesús.
8.
Énfasis en llevar las personas a Cristo. Estamos de acuerdo
en la importancia fundamental que tiene traer personas a Cristo como nuestra
respuesta a la comisión evangélica.
9.
Énfasis del arrepentimiento en el cuerpo de Cristo. Estamos
de acuerdo en que por amor a y en compañerismo con el Cristo crucificado
y resucitado, los creyentes cristianos experimentan una profunda identificación
con los pecados de los demás, sabiendo que éstos podrían ser
sus propios pecados sino fuera por la gracia del Salvador. Esa identificación
nos conduce a llamar a los que no se han arrepentido a hacerlo y a una
nueva vida en Cristo. También estamos de acuerdo en que cuanto más
abarcante sea ese espíritu de identificación en el cuerpo de Cristo,
tanto más intensamente será sentido y experimentado el derramamiento
del Espíritu de Dios.
10.
Rechazo del Universalismo. Estamos de acuerdo en rechazar el Universalismo,
definido como la creencia de que todos se salvaran independientemente
de su compromiso personal con el Señor.
11.
Énfasis en la primacía de la Biblia en la formación del
pensamiento cristiano. Estamos de acuerdo en que las enseñanzas
de la Biblia representan el centro de cualquier proceso teológico.
12.
Énfasis en el "preciosísimo mensaje" presentado por Jones y
Waggoner. Estamos de acuerdo en que el estudio de ese preciosísimo
mensaje es importante. Ellen White nos ha proporcionado un resumen de
los elementos esenciales de ese mensaje en Testimonios para Ministros
y Obreros Evangélicos, págs. 91-93:
"En su gran misericordia
el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio
de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía
que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador,
el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación
por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de
Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de
Dios. Muchos habían
perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina
persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana.
Todo el poder es colocado en sus manos, y él
puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable
don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje
que Dios ordenó
que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel,
que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado
por el abundante derramamiento de su Espíritu.
El exaltado Salvador ha de aparecer
en su obra eficaz como el Cordero inmolado, sentado en el trono, para
dispensar las inapreciables bendiciones del pacto, los beneficios que
pagó
con su vida en favor de toda alma que había
de creer en él. Juan no pudo expresar ese amor en palabras porque
era demasiado profundo, demasiado ancho, e invitó
a la familia humana a contemplarlo. Cristo está intercediendo por
la Iglesia en los atrios celestiales, abogando en favor de aquellos por
quienes pagó
el precio de la redención
con su propia sangre. Los siglos y las edades nunca podrán aminorar
la eficacia de este sacrificio expiatorio. El mensaje del Evangelio de
su gracia tenía que ser dado a la Iglesia con contornos claros y distintos,
para que el mundo no siguiera afirmando que los adventistas del séptimo
día hablan
mucho de la ley, pero no predican a Cristo, ni creen en él.
La eficacia de la sangre de Cristo
tenía que
ser presentada al pueblo con poder renovado, para que su fe pudiera echar
mano de los méritos
de esa sangre. Así
como el sumo sacerdote asperjaba la sangre caliente sobre el propiciatorio,
mientras la fragante nube de incienso ascendía
delante de Dios, de la misma manera, mientras confesamos nuestros pecados
e invocamos la eficacia de la sangre expiatoria de Cristo, nuestras oraciones
han de ascender al cielo, con la fragancia de los méritos
del carácter de nuestro Salvador. A pesar de nuestra indignidad, siempre
hemos de tener en cuenta que hay Uno que puede quitar el pecado y salvar
al pecador. Cristo quitará
todo pecado reconocido delante de Dios con corazón contrito. Esta
fe es la vida de la Iglesia."
Áreas
de desacuerdos
1.
Aplicación de las comentarios de Ellen White relacionados con 1888. Existen desacuerdos con respecto a cómo entender algunos de las
comentarios de Ellen White relacionados con 1888 y sobre cómo se aplican
éstos
a la condición de la Iglesia hoy en día.
Creemos que estos deben ser leídos
en el contexto del flagrante legalismo de Butler, Smith y sus colegas
de creencias. Se debe ser extremadamente cuidadoso al aplicar declaraciones
que se hicieron en un contexto específico
a períodos
posteriores, en los cuales algunos de los factores han cambiado. Sólo
un entendimiento más
completo de las enseñanzas públicas de los hermanos dirigentes
de la Iglesia en el período
anterior a 1888 capacitaría
a los lectores del siglo xxi para entender el impacto de las recomendaciones
y condenaciones hechas por Ellen White relacionadas a los eventos y personalidades
de 1888.
2.
Primacía
de la Biblia. Aunque reconocemos el intento del Comité
de Estudio del Mensaje de 1888 de realzar la primacía
de la Biblia, nos parece que ese criterio no siempre se aplica consistentemente.
Algunas veces, parece que la evidencia de las escrituras está
siendo examinada a través
del pensamiento teológico de Jones y Waggoner.
3.
Apoyo de Ellen White a Jones y Waggoner. Los repetidos apoyos a
Jones y Waggoner por parte de Ellen White no significan que ella estuviese
de acuerdo con todas sus enseñanzas. Sería
de mucha ayuda si el Comité
de Estudio del Mensaje de 1888 examinase seriamente las muchas áreas
en las cuales Ellen White discrepa con Jones y Waggoner o cuando prácticamente
guarda silencio sobre temas o cuestiones teológicas que ellos enfatizan.
También
sería aclaratorio
enumerar y explorar las ramificaciones de estas áreas
en las cuales Ellen White explícitamente
encomia (más
que aludir a) puntos específicos
en los escritos de Jones y Waggoner (TM, págs.
91-93, es un ejemplo de esto). Tales exploraciones podrían
ayudar a evitar dar un apoyo total a la teología
de Jones y Waggoner. Por otro lado esto intensificaría
la importancia de las cuestiones que ella encomió específicamente.
Jones y Waggoner necesitan ser leídos
como teólogos que tenían
"el preciosísimo
mensaje" que la Iglesia desesperadamente necesitaba escuchar, y no como
profetas o guías
infalibles, incluso en áreas
relacionadas con la justificación por la fe.
4.
Precisión histórica. Algunas veces se percibe falta de
precisión histórica cuando se hacen afirmaciones sobre Jones y
Waggoner. La historia debe hablar por sí
misma, incluso cuando este en desacuerdo con Jones y Waggoner en la evaluación
de ciertos detalles o en las interpretaciones modernas de ellos y sus
enseñanzas.
5.
Arrepentimiento corporativo. No se debe dar la impresión de
que Ellen White llamó a un arrepentimiento colectivo con respecto
a los acontecimientos del 1888 o del 1893, o que la administración
de la Conferencia General de O. A. Olsen, tomó la misma posición
con relación a Jones y Waggoner que la administración Smith/Butler.
El conflicto de 1888 resultó en un cambio completo en el liderazgo
de la Iglesia, a causa de los problemas relacionados con la reunión
de Minneápolis.
Durante la década
de 1890 la nueva administración concedió prominencia a Jones y
Waggoner. Después
de 1888 Smith y Butler estuvieron "fuera" de la administración de
la Conferencia General. Ellen White continuó realizando llamados individuales
al arrepentimiento, pero no llamó a la denominación al arrepentimiento.
6.
Justificación legal universal. Resulta confuso decir que cada
uno esta legalmente salvo hasta que haya "elegido resistir la gracia redentora
de Dios", y entonces dar un giro y decir que uno necesita fe para tener
justificación salvadora (no la justificación legal). Por ejemplo,
1888 Reexaminado sostiene que "el sacrificio de Cristo no es meramente
provisional, sino efectivo para el mundo entero, de manera que la única
razón para que alguien se pierda, es que la persona haya elegido resistir
la gracia salvadora de Dios" (pág.
vi). Es interesante que Ellen White simplemente dice que "las medidas
tomadas para la redención se ofrecen gratuitamente a todos; pero los
resultados de la redención serán
únicamente para los que hayan cumplido las condiciones" (PP, pág.
208).
7.
La expresión "en Cristo". Creemos que la expresión paulina
"en Cristo" expresa un concepto relacional más
bien que legal. Romanos 5, por ejemplo, está
ligado a la experiencia de la justificación por la fe en la obra definitiva
de Cristo, que es de importancia central en los primeros cinco capítulos
de Romanos, y no a una declaración legal de algo que le ocurrió
a cada persona cuando Cristo murió en la cruz. Esa declaración
legal parece indicar que cuando una persona nace, nace ya legalmente justificada
delante de Dios. Sin embargo, los "muchos" que "serán
justificados" de acuerdo a Romanos 5:19 debe entenderse en el contexto
de Romanos 1:16-17; 3:25-26; 4:1-5:1 y la tesis de Pablo, de que somos
justificados por fe en vez de ser justificados "en Cristo" independientemente
de una entrega de fe personal. Es importante ver en los conceptos "en
Cristo" y "en Adán"
condiciones espirituales antes que un estatus legal. La interpretación
meramente legal de la expresión "en Cristo" no ha conducido a una
comprensión apropiada del concepto bíblico de solidaridad corporativa.
8.
La naturaleza de Cristo. Aceptamos las amonestaciones de Ellen
White a evitar "toda cuestión que se relacione con la humanidad de
Cristo que puede ser mal interpretada" y que la "encarnación de Cristo
siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá
siéndolo"
(5 CBA, págs.
1102-03). Aquí cada ser humano debe andar con pies de plomo. Es importante
tratar con imparcialidad todo lo que la Biblia y Ellen White dicen sobre
este asunto, reconociendo que ninguna de esas fuentes dan necesariamente
a la naturaleza de Cristo la misma prominencia que le dieran Jones y Waggoner
después
de Minneápolis.
La interpretación que Jones y Waggoner dieron a los textos bíblicos
relacionados con la naturaleza humana de Cristo, no está
necesariamente apoyada por la comprensión global que de la naturaleza
humana de Cristo tiene Ellen White.
9.
Los reformadores y Jones y Waggoner. Creemos que con relación
al tema de la justificación por la fe la comprensión de Jones
y Waggoner no debe contraponerse a la de los grandes reformadores. Hacerlo
contradecir�a tanto lo que Waggoner como Ellen White dicen (Waggoner,
Gospel in the Book of Galatians [El Evangelio en el libro de Gálatas],
pág. 70;
White, Manuscrito 8a, 15, y 24, 1888). La comprensión más
completa de ese tema debe expresarse en términos
de la relación de la justificación por la fe con el mensaje del
tercer ángel
más que
con la salvación por sí misma.
10.
El antiguo pacto. La primera vez que el antiguo pacto se menciona
explícitamente en la Biblia parece que se le iguala con la Torá
del Sinaí (2 Cor. 3:14-15). Creemos que la Biblia describe la Alianza
Sinaítica como un pacto de gracia que el pueblo aceptó voluntariamente,
como expresión de la voluntad de Dios para ellos. La mala comprensión
y el uso incorrecto que de la alianza tuviera el pueblo, al convertirlo
en medio de salvación, no altera el hecho de que nunca fue la intención
de Dios instituir en Israel un pacto de obras.
11.
Actitud de crítica. Aunque los miembros del Comité
de Estudio del Mensaje de 1888 expresan lealtad consistente y genuina
a la Iglesia Adventista del Séptimo
Día, el impacto general de sus críticas al cuerpo de la Iglesia
y a su liderazgo, junto a sus actividades separatistas, han sido probablemente
una de las fuerzas más poderosas en movilizar un gran número de
adventistas hacia actividades y críticas cismáticas.
El Comité
se ha organizado legalmente como una organización aparte; presenta
como cruciales ciertas posiciones que difieren de las sostenidas por el
cuerpo de la Iglesia, llevando algunas veces a la confusión e incluso
a conflictos en las congregaciones, tienen sus propias reuniones, publican
sus propios materiales, autorizan sus propios predicadores, y apoyan actividades
en todo el mundo, frecuentemente sin la aprobación ni el conocimiento
de los l�deres de la Iglesia en esos campos.
El estudio histórico del desarrollo
de movimientos similares en la formación de nuevas denominaciones
(tales como el movimiento de Wesley en Gran Bretaña, entre 1738 y
1800, y entre los años 1870 y 1900 en América),
es en este caso muy ilustrativo. De cualquier manera, muchos movimientos
cismáticos entre los Adventistas del Séptimo
D�a surgieron inicialmente de críticas del tipo de 1888. La historia
eclesiástica nos informa que la primera generación de muchos movimientos
no tenía la intención de formar un nuevo cuerpo religioso, pero
las generaciones subsiguientes, habiéndose
nutrido de la así llamada "crítica constructiva", simplemente
llevan la lógica a su conclusión natural.
12.
La Iglesia y el mensaje de la justificación por la fe. La Iglesia
en sus documentos oficiales ha establecido claramente su comprensión
de la salvación por medio de la fe en Jesús.
"[Cristo] Sufrió
y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y en nuestro
lugar, resucitó de entre los muertos y ascendió al Padre para
ministrar en el santuario celestial en nuestro favor" (Creencias Fundamentales,
4).
"Pero Dios, en Cristo, reconcilió
el mundo consigo mismo, y por medio de su Espíritu Santo restaura
en los mortales penitentes la imagen de su Hacedor" (Creencias Fundamentales,
7).
"Mediante la vida de Cristo, de
perfecta obediencia a la voluntad de Dios, sus sufrimientos, su muerte
y su resurrección, Dios proveyó el único medio válido
para expiar el pecado de la humanidad, de manera que los que por fe
acepten esta expiación puedan tener acceso vida eterna" (Creencias
Fundamentales, 9).
"Mediante Cristo somos justificados,
adoptados como hijos e hijas de Dios y librados del señorío
del pecado. Por medio del Espíritu nacemos de nuevo y somos santificados;
el Espíritu renueva nuestras mentes, graba la ley de amor de Dios
en nuestros corazones y nos da poder para vivir una vida santa" (Creencias
Fundamentales, 10).
"La salvación es sólo por
gracia y no por obras, pero su fruto es la obediencia a los mandamientos"
(Creencias Fundamentales, 18).
Una
comparación entre el entendimiento de la Iglesia y el Comité de
Estudio del Mensaje de 1888 revela diferencias significativas que han
contribuido a la confusión y en algunos casos a división entre
los miembros de la Iglesia.
Indudablemente la Iglesia está
en constante necesidad de reavivamiento y reforma. A menos que el evangelio
de justificación por la fe tome control de la vida de cada miembro
de Iglesia, transformando a la persona, permaneceremos en un estado de
tibieza. Es importante para la Iglesia, a medida que cumple con su misión,
que escuche constantemente el mensaje del Testigo Fiel (Apoc. 3:15-22).
Observaciones
Las
acusaciones presentadas par el Comité de Estudio del Mensaje de 1888
contra los líderes de la Iglesia son muy serias. Si la Iglesia está
proclamando un falso evangelio, no tiene derecho a existir. Una comprensión
parcial del evangelio, como ellos declaran que tiene la Iglesia, no es
una verdadera comprensión del evangelio. Si ellos son los únicos
que tienen un entendimiento claro y completo del evangelio, entonces todos
los demás están proclamando un falso evangelio. Ellos están
implícitamente acusando a la Iglesia, o por lo menos a los líderes
de la Iglesia, de apostasía. Hemos encontrado que tales acusaciones
no tienen fundamento, como se evidencia en las declaraciones oficiales
de las creencias de la Iglesia.
Por lo tanto creemos firmemente que
el Comité de Estudio del Mensaje de 1888 debe abandonar su opinión
de que el verdadero mensaje de la justificación por la fe ha sido
rechazado por los líderes de la Iglesia, que ellos nunca lo aceptaron
genuinamente, y que intencionadamente lo han mantenido oculto a la Iglesia
y al mundo.
Un
llamado
No
cuestionamos la sinceridad de los líderes del Comité de Estudio
del Mensaje de 1888, pero cuestionamos la sabiduría del actual curso
de acción. Si el Comité decide continuar su trabajo fuera de la
Iglesia organizada, le solicitamos que adopte como modelo lo que se conoce
como un ministerio de apoyo. Tales grupos buscan lugares de trabajo donde,
en armonía con y bajo la guía de líderes de la Iglesia en
un campo, realizan actividades que son parte del programa de planificación
de ese campo. Casi siempre sus esfuerzos están orientados a alcanzar
a los no creyentes, llamándolos a Cristo y su justicia, y vinculándolos
a su pueblo remanente. Los ministerios de apoyo promueven la armonía
tanto en doctrina como en la relación con la Iglesia. Deseamos que
éste sea el resultado de las oraciones y el estudio que juntos hicimos.